Cambio de guión

El joven Ernesto se presentó empuñando una pistola en casa del hombre que le había arruinado. Tras sacar las mejores notas y ganar todos los premios fin de carrera, su guión había sido seleccionado por el Gran Jurado de la Unión Europea de Cinematografía. Sólo él sabía lo que le había costado condensar en 90 minutos de metraje todos los relatos de su padre en la guerra de Bosnia. Sólo él seguía escuchándolo llorar cada noche, ahora ya sólo en sus sueños, acordándose de los niños muertos por su culpa en la masaje de Srebrenica, de las mujeres violentadas por su odio de invasor, de los cadáveres ultrajados por la ceguera que les contagiaban sus caudillos.

Don Braulio se presentó como el productor más respetuoso con los autores, el hombre que ponía la voluntad del escritor por delante de los gustos del mercado, el arte por encima del dinero. Mentiras, sucias y culpables. Convirtió su drama en un chusco sainete de militares rijosos y gags basados en armas estropeadas o mensajes malentendidos. Su única oportunidad en el cine estaba arruinada y, peor que eso, la memoria de su padre, ridiculizada. Por eso iba a matar a don Braulio con la pistola que aún conservaba de su progenitor. La misma que usó para pegarse un tiro cuando ya las noches se volvieron demasiado largas para soportarlas. Le dolía ensuciar esa única herencia paterna, pero él no era un delincuente, ni siquiera un hombre de peleas, no hubiera sabido cómo conseguir otra arma.

Con su habitual descortesía, el productor hizo esperar a Ernesto en la sala casi media hora. Finalmente, un asistente le avisó de que pasara.
– Don Braulio le recibirá, aunque este es el despacho de su casa y nunca atiende aquí ninguna cuestión de trabajo- le advirtió con condescendencia.
– No se preocupe, será la última vez que le moleste –respondió él secamente, mientras atravesaba el dintel de la puerta que le abría el asistente.

Al fondo de la estancia, el millonario productor golpeaba una bola de golf con un hierro 3, mientras maldecía la espesura de la alfombra, que no la dejaba correr.
Levantó la vista hacia su visita.

– Caramba, Ernesto, qué alegría verte -le saludó mostrando una sonrisa hipócrita y tendiéndole la mano.

Ernesto la estrechó, sintiendo su tacto de reptil. De pronto, se dio cuenta de que no podía matarlo. Pese a todo el desprecio que le producía, pese a la maldad que seguía viendo en sus ojos, no estaba entre sus capacidades acabar con la vida de nadie. Supo lo que iba a hacer. Soltando la mano del productor, sacó la pistola que llevaba sujeta en la cintura.

– No voy a matarle, don Braulio, sino a suicidarme ante usted. Caiga mi sangre sobre su conciencia y sobre su alfombra persa –añadió con dolorida mordacidad.

– Ernesto, por Dios, no seas dramático. La alfombra me da igual, pero si hay aquí una muerte por arma vendrá la policía y me precintará el despacho hasta que acaben de sacar todas las huellas y este es el único sitio en el que no me molesta la pesada de mi mujer. Sin hablar de que los polis tienen esos aparatitos, ya sabes, esos que detectan los rastros de semen. Y ya te digo que mi mujer aquí nunca entra, sin embargo, mi asistente… Otro divorcio me dejaría arruinado. Prefiero producirte otra película. Una pequeñita, de esas de autor que a ti te gustan.
– ¡Don Braulio!
– Mira, ya sé, una coproducción, con Cortés, el argentino. Algo sobre la dictadura, los desaparecidos, niños robados a sus familias… esos dramas que a ti te van.
– ¡Haga el favor de callarse!
– No, no, hombre, escúchame. Haz esa película, ya sé que no te gustó lo que hicimos con tu guión. Ahora puedes resarcirte: esta la dirigirás tú.

Dirigir. Eso no lo había pensado. No era entregar su guión a alguien sin saber qué iba a pasar con él.

– También quiero hacer el montaje –exigió al productor con voz firme.
– Que sí, hombre, claro, tu lo harás todo, del principio al final –le aseguró golpeándole amigablemente el brazo- ¿Vas aprendiendo, eh? Toma, esta es la productora de Cortés – le extendió una tarjeta-, voy a llamarlo ahora mismo, vete para allá y vais hablando.

En la coproducción participaron finalmente 14 cadenas televisivas y 6 productoras de 13 países. El guión reflejaba los problemas y reacciones en distintos aeropuertos europeos ante una nube volcánica que impedía a los vuelos despegar. Una historia coral que refleja la multiculturalidad de la Europa actual y los lastres que la tecnología, aparentemente liberadora, impone al ser humano en el siglo XXI, según afirmó Sam Mendes en la ceremonia de presentación de candidatos a los Óscar.

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Un pensamiento en “Cambio de guión

  1. Me ha fascinado esta historia, he despreciado a Don Braulio y me he comparecido ante el pobre y honesto Ernesto. Lo de Srebrenica y la nube volcánica me hace sentir como en casa.
    Enhorabuena!

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